Digitalizar un libro en un minuto

El equipo del profesor Masatoshi Ishikawa, de la Universidad de Tokio, ha desarrollado un artilugio capaz de leer, reconocer, procesar y formatear digitalmente un libro a velocidad de vértigo. Una máquina capaz de digitalizar un libro de 200 páginas en un solo minuto.

Las páginas pasan con la misma cadencia que si estuviésemos tratando de refrescarnos con ellas, pero una lente es capaz de captar 500 imágenes por segundo a una resolución de 1280×1024 píxels, un segundo sistema proporciona iluminación suficiente como para captar las letras y los dibujos presentes en la página, al mismo tiempo un láser proyecta unas líneas que sirven para establecer cuáles serían los renglones-patrón que seguirían los párrafos y finalmente un ordenador reconstruye tridimensionalmente la página.

Con la combinación de estos sistemas se consigue corregir el efecto de la distorsión por la curvatura de la página del libro, con lo que el resultado final es que obtenemos una digitalización fiel de la misma sin tener que colocar cada una cuidadosamente sobre un cristal plano.

El objetivo es miniaturizarlo hasta poder utilizarlo en dispositivos como teléfonos móviles. De esta forma obtener una copia digitalizada de un libro, tener nuestro propio ebook a partir de un libro en papel, podría ser cuestión de segundos, lo que tardásemos en hojearlo frente a la cámara de nuestro móvil.

Caca de perro como energía para encender farolas

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Matthew Mazzotta, es el autor de la idea de utilizar las cacas de perro, más excatamente el metano que estas desprenden, como fuente de energía para hacer funcionar, por ejemplo, las farolas de un parque. Se trata de aprovechar el metano que desprenden las heces al descomponerse como combustible. Para ello, habría que introducir las cacas de perro en bolsas biodegradables e introducirlas en un contenedor al efecto instalado en los parques, en cuyo interior se llevaría a cabo el proceso.

Bazooka Salvavidas

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El prestigioso premio de diseño James Dyson Award 2010 y los 15.ooo $ con los que está dotado, han sido para el estudiante australiano de 24 años, Samuel Adeloju por el bazooka salvavidas: puede lanzar flotadores a más de 150 metros de distancia, lo que supone evitar cientos de ahogos por la no llegada a tiempo del socorrista, y poder socorrer a personas lejos de la distancia que se pude alcanzar lanzando un salvavidas a mano.

El funcionamiento se basa en una espuma hidrófuga que se expande una vez que toca el agua. Cuando está seca, la boya salvavidas tiene forma de bala, lo que le permite ser lanzada desde un dispositivo similar a una bazooka neumática. Pero cuando llega al agua, se amplía a cuarenta veces su tamaño original en tan sólo 15 segundos, formando un híbrido de flotador y chaleco salvavidas de gran flotabilidad.

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